Gabriel Martínez es un agitador del diseño, y su estudio LSD destaca internacionalmente por la radicalidad conceptual de sus diseños tipográficos. Nació en Armellada, un pequeño pueblo de León aunque la mayor parte de su vida la ha pasado en Madrid. Ha trabajado con el diseñador e ilustrador Manuel Estrada y con Frank Memelsdorf, considerado uno de los principales expertos en branding de nuestro país. Ha sido profesor invitado en el Design2context Institute de Zurich y actualmente es profesor de diseño gráfico e ilustración en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca.
¿Cuándo decidiste dedicarte al diseño?
Empecé estudiando Filosofía y Bellas Artes pero lo veía demasiado elitista. Descubrí el diseño y me pareció una profesión muy creativa y más práctica. El diseño es una disciplina donde teoría y práctica funcionan de forma bastante equilibrada. Y desde el punto de vista profesional permite unas altas dosis de creatividad y a la par es una profesión que te permite obtener ingresos de forma más estable que la dedicación artística.
¿Cuántas horas trabajas al día?
Nunca lo tengo en cuenta, ni la hora que es, ni el día de la semana. A veces, pienso que la mayoría de mi tiempo lo he pasado diseñando o pensando acerca de problemas del diseño y la comunicación. Creo que disfruto mucho con ello.

La primera década del siglo XXI está acabando, ¿cuáles son para ti las peculiaridades más destacables de este periodo?
El éxito del diseño. La rapidez a la hora de imaginar un proyecto y su realización. La posibilidad de conectarte con otros diseñadores y poder intercambiar ideas a pesar de la distancia física. Se han roto casi odas las fronteras y limitaciones en nuestro trabajo. Las influencias vienen de todos sitios. En el sentido negativo, ha aumentado el aburrimiento, las cosas se gastan muy pronto, a veces falta tiempo para pensar de manera profunda…
¿Qué es más interesante para un diseñador, trabajar con un pensamiento global o local?
Lo principal es pensar antes de actuar. Lo local aporta valores conocidos, sin embargo lo global te proyecta hacia lo desconocido, lo que no puedes controlar al 100%. Pensar y trabajar para fuera te permite tener perspectiva, situarte en un espacio más enriquecedor, más abierto. Fuera hay más debate.
Dime tres estudios en los que te gustaría trabajar
Creo que iría a Francia. M/M Paris me parecen fascinantes porque consiguen una hibridación gráfica radical; Integral Ruedi Baur es una referencia ineludible, sus trabajos son de una complejidad inteligente y trasgresora; y Philippe Apeloig es un referente en mi trabajo, combina un uso de la retícula de gran precisión formal y utiliza la tipografía con maestría y sensibilidad únicas.

Y del diseño español ¿qué opinas?
Creo que estamos en un momento emergente. Hay diseñadores muy reconocidos fuera de nuestro país. Sin embargo, pienso que nos falta más cultura y experiencia. La ausencia de una tradición en este campo hace que tengamos que tomar referencias externas de los anglosajones, franceses, holandeses, del cartel polaco, del diseño suizo y alemán, etc… Nuestra principal deficiencia es la ausencia de una teoría y una crítica seria. Para que la profesión del diseño alcance madurez es necesario que los diseñadores sean más cultos y puedan defender su trabajo con un discurso más elaborado e intelectual.
¿Qué opinas de la educación y del aprendizaje del diseño?
Una parte importante de mi dedicación al diseño es la de enseñar diseño en centros educativos. Me siento muy implicado con mis alumnos porque considero que la enseñanza del diseño es fundamental para el desarrollo y la valoración de nuestro trabajo. Creo que un buen diseño ayuda a crear una sociedad mejor. Y el buen diseño es fruto del trabajo de buenos profesionales. Trabajar con los estudiantes te permite tener experiencias continuas de “iniciación”, te ayuda a estar al día, atento a las demandas de los más jóvenes. Creo que tener buenos profesores o estimuladores en la fase de aprendizaje ayudará a los alumnos a ser mejores personas y profesionales en el futuro.

¿Dónde buscas la inspiración?
En todas las cosas: en la calle, en las revistas, en los libros. Mi cabeza es una máquina enfermiza, no puede parar nunca de pensar y observar.
¿Cómo se distingue un diseño bueno de uno malo?
A veces a simple vista, otras analizándolo concienzudamente. Hoy días hay muchos diseños mediocres que han sido producidos con standards de gran calidad. Yo pienso que un buen diseño es directo, suele parecer sencillo aunque esconda un complejo proceso de creación o producción. Los mejores suelen aguantar bien el paso del tiempo… nunca pierde la capacidad de sugerir, de hacer pensar a cerca de las cosas, de emocionar.

¿Se puede considerar arte el diseño?
Bueno, según lo que consideremos que es el arte. Lo cierto es que muchos diseños contemporáneos aportan más belleza, calidad plástica, nivel conceptual y de realización que algunas consideradas obras de arte. Vivimos un momento en el que el arte ha perdido muchos de los valores que lo hacían único. Ahora hay objetos de diseño que valen más que algunas obras de arte, los museos y galerías exponen diseño, los diseñadores son reconocidos y tienen más prestigio que muchos artistas. Estoy de acuerdo con Paola Antonelli, que es comisaria del Moma, cuando dice que el diseño es la mayor expresión de la creatividad humana, y que los artistas deberían aspirar a ser diseñadores y no a la inversa.
¿Qué es lo mejor y peor de ser diseñador?
La variedad de posibilidades y proyectos hacen del diseño una profesión muy interesante. Lo peor, los clientes que no se arriesgan nunca y los diseñadores que no investigan.

¿Cuál es el proyecto que consideras más relevante en tu carrera?
Es el proyecto tipográfico “Political types”. Es un ejercicio de análisis y contextualización, de busca de significados y de intercambio de mensajes. La apariencia superficial del alfabeto se utiliza como puerta de acceso a una lectura más profunda. La mayoría de los diseñadores no somos tipógrafos, sin embargo, la tipografía es un elemento esencial en nuestro trabajo. Los diseñadores trabajamos principalmente con ideas y mensajes. La tipografía es, en este sentido, un medio no un fin, por eso, tratamos de demostrar que los diseñadores no-tipógrafos podemos hacer una aportación “sustancial” al lenguaje tipográfico desde la perspectiva del mensaje. La hipótesis de trabajo es que para generar nuevos sentidos gráficos y conceptuales no es necesario transformar un todo, en este caso un alfabeto. Cambiar algunos de sus elementos integrantes nos permite obtener otra visión de ese conjunto. Por otro lado, al mantener gran parte de los elementos redundantes, podemos reconocer el sistema como algo familiar.
























